Sesión para escolares

Diana Gonçalves produce y dirige el documental Mulleres da Raia (2009). Como productora y gestora, promueve el intercambio cultural multidisciplinar entre España y Portugal, colaborando con AGADIC en el diseño y organización de varios encuentros del programa CREATIVA. También diseña y coordina la retrospectiva documental Carlos Velo: Ollar à marxe (Filminho) y promueve y dirige talleres en centros escolares de Galicia y del norte de Portugal.
Participó durante cinco años en el laboratorio documental coordinado por Marta Andreu, El Retrato Filmado, donde dirigió cinco cortometrajes documentales. Con el material de archivo de esos trabajos produce y dirige Palmira (2017). En 2023 funda la asociación cultural y social Raia Creativa, espacio de encuentro para el diálogo, el intercambio y la práctica creativa en libertad desde el que promueve el proyecto Transfronteiriza, una instalación multidisciplinar.
La cineasta tudense Diana Gonçalves (jurado de la Sección Ceres) compartirá su concepción de la cultura y el cine con el alumnado y presentará dos cortometrajes que denotan la capacidad del medio para revelar que tras la intrahistoria de los seres humanos también están la memoria y la historia no contada de un género, de una comunidad, de un territorio y de un paisaje que esquiva los conceptos de raya, límite y frontera.
Laboratorio Retrato Filmado | 2009-2013 | PlayDoc
La vida que transcurre lentamente, repetitiva. Un cuerpo cansado pero a la vez resistente. Y del otro lado de la cámara, la tentativa de encontrar ese instante fugaz que nos revele algo más de la vida. De la observación a la construcción con el propio personaje.



Nota sobre el recuerdo
Palmira estaba muy acostumbrada a la prensa, al superar los 100 años, todos los años la visitaban por su cumpleaños para preguntarle «¿Cuál es su secreto?». También sabía cuál era su papel delante de la cámara, por eso la primera vez que me vio llegar cámara en mano, no esperó indicaciones: «¿Vou ata o cruceiro e veño de volta, non?». Pensó que me bastaría con unos cuantos planos y que al día siguiente volvería a su rutina solitaria. En aquel momento no era oportuno, no fui capaz de decirle que mi intención era volver al día siguiente y al otro, sin fecha de despedida. Así que me imagino que cada día pensaría que sólo sería uno más. Y al ver que al final me marchaba pero al año siguiente volvía, y seguía haciendo las mismas cosas raras, simplemente me dio por un caso perdido. Le parecía raro que grabase las mismas situaciones, el paso de las horas, lo que aparentemente no tiene importancia. Y le preocupaba que no comiese, por eso, puntualmente, a la 1 de la tarde, me preguntaba «¿Non queres un huevo?»
El tiempo fue moldeando la relación y abriendo un espacio de intimidad. Y aquel volver cada año, convirtió esa semana en un encuentro esperado. Dejamos de estar preocupadas por entendernos y la aproximación permitió el juego. Filmar al otro es cosa de dos y cada uno se representa, lucha por su espacio y a veces se olvida de que la cámara está encendida. Ejercía mi función de directora, observaba, seguía el curso de los acontecimientos pero también provocaba situaciones, preparaba la puesta en escena y a veces me dejaba dirigirla. Otras veces era ella quien me marcaba el ritmo y la dirección. Y claramente me marcaba los límites y el «corten». El juego había llegado a su fin. Reclamaba volver a habitar su soledad y estar en comunión. Recuerdo que sólo hablaba cuando era necesario y no repartía consejos. Pero hubo una frase que me repitió con cierta insistencia, como si fuese el mensaje que nos quisiese dejar: «Habedes de volver a terra».
Efectivamente no hubo despedida. ¿Y cómo seguir haciendo el retrato sin personaje? ¿Cómo superar la ausencia? Para aquel entonces ya me había dejado mucho aunque lo descubriría más tarde. Y no eran respuestas. Filmar es vivir.
Diana Gonçalves